Por qué llamar ‘supremacista catalán’ a Quim Torra es un error

white-supremacy

Últimamente parece que se ha puesto de moda hablar de “supremacismo catalán” para definir la ideología del nuevo presidente de la Generalitat, Joaquim Torra. Como en tantas ocasiones, se manipulan y usan los términos con interés político. No me gusta el uso de la palabra supremacismo en este caso porque es incorrecta, aunque desde Madrid ya se ha tomado este adjetivo y no lo soltarán.

El supremacismo fue una ideología desarrollada en el siglo XIX para justificar el dominio del Imperio Británico sobre todas las civilizaciones y culturas del mundo. Estaba muy relacionado a la raza blanca, que se consideraba superior al resto de razas, que cuanto más oscura tenían la piel eran más bárbaras. El supremacismo nació siendo expansionista: la raza superior, en este caso los hijos de los elitistas ‘colleges’ ingleses, tenía la obligación moral de expandir su forma de ver el mundo al resto de seres humanos, que al final acabarían agradeciendo que les hubieran traído la libertad. Evidentemente es un pensamiento que no ha muerto en 2018, -aunque ya no es una ideología de Estado- porque sigue vivo en amplios espectros como por ejemplo una parte de los votantes de Donald Trump.

Quim Torra i Pla no es un supremacista catalán, porque no considera que los catalanes deban imponer su cultura al resto de pueblos ibéricos, ni mucho menos del mundo. Tampoco es un racista, porque no tiene escritos, que se sepa, despreciando a nadie por el color de su piel. Lo que es es un xenófobo de manual: una persona que teme lo que viene de fuera de lo que él considera su cultura. En este caso teme y desprecia “als espanyols”, que según ha dejado escrito en numerosas ocasiones no son solo los que vienen de otras comunidades autónomas sino todos los que se expresan en castellano dentro de Cataluña. Curiosamente uno de sus argumentos en estos primeros días para negar ser un xenófobo ha sido que está “a favor de los refugiados”, un brindis al sol con el que tranquilizar a la CUP y a Podemos.

Así que tranquilos, familia y amigos catalanes. No tenéis en la Generalitat a un supremacista ni a un racista. Simplemente a un xenófobo hacia España y una persona a la que le repulsa que en su tierra se hable castellano. Es verdad que cualquier situación es susceptible de empeorar, incluso cuando piensas que ya no puede ir más allá.

(En la imagen, un dibujo victoriano donde los casacas rojas del Imperio Británico imponen, por las armas, la civilización a los pueblos bárbaros)

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