Lo que Cabify dice que quiere hacer vs. lo que hace realmente

Un usuario de Twitter realizaba el jueves 12 de abril la pregunta del millón a Mariano Silveyra, regional manager Europe de Cabify, en un evento sobre movilidad que celebró la compañía: “¿Cuál es la innovación tecnológica más destacada que ha presentado Cabify y que no incluyeran los servicios de taxi?”

La respuesta de Silveyra fue muy llamativa: “Bueno, no hablamos tanto de innovaciones tecnológicas como de un cambio de filosofía y de experiencia”, y a continuación relató los beneficios de su aplicación. Silveyra reconocía que, después de 7 años en el mercado español, una empresa que ha llevado la bandera de la innovación tecnológica -y que ha utilizado esta supuesta innovación como argumento a favor de su cada vez mayor presencia- no aporta ahora mismo ninguna solución para la movilidad respecto a la que tienen los taxistas con su GPS y la aplicación de MyTaxi. Esto es, un GPS que indica donde estás y hacia donde vas y calcula tu ruta y el precio que te va a costar. Algo posiblemente innovador hace 5 años, pero desde luego no en 2018.

Uber en España ofrece exactamente lo mismo pero hay que reconocer que al menos los californianos están innovando en algunas cosas, lo que avala que se presenten a sí mismos como compañía tecnológica. Por ejemplo, UberPool es un modelo para compartir coche desde un punto A hasta un punto B a través de un algoritmo. No está permitido en España sacar rédito al espacio sobrante de un coche particular así que por el momento no lo vamos a ver aquí. Pero existe, aseguran en Uber. Otra innovación de los norteamericanos es el coche autónomo. Uber, junto con Google, son las dos compañías norteamericanas que lideran ahora mismo esta tecnología.

Así que por lo menos en el caso de Uber si puede haber una ventana mediante la cual la empresa se vende a sí misma como innovadora y tecnológica. Esta ventana entreabierta no se percibe en Cabify, al menos de momento y a pesar de que la empresa nació en 2011.

Un trayecto diario por 30 euros

Ese mismo jueves 12 de abril, uno de los mensajes que con mayor ahínco lanzaron desde Cabify, como acto final de una campaña de imagen y publicidad notable y a buen seguro muy costosa, fue la necesidad de “dejar de lado el coche particular” en las ciudades como modo de evitar la congestión (si cada uno de nosotros lleva un vehículo) y la polución asociada.

Como ese día mis obligaciones matutinas me lo permitían ya que no siempre es así, pues decidí personarme en el auditorio, realizar el trayecto en un coche de Cabify para ir predicando con el ejemplo, y luego volver a casa para coger mi vehículo particular con el que me desplazo, ya por la tarde, a mi lugar de trabajo.

Sin embargo, estos fueron los cálculos de precio que me hizo la aplicación para ir desde mi casa al auditorio y volver.

Como podéis observar si pincháis en las imágenes, el precio por el que Cabify me recogería en mi domicilio, dentro de la M-30, y me llevaría hacia otro espacio también dentro de la M-30, era de 14,82 euros a la ida y de 14,63 euros a la vuelta, un precio siempre estimado porque la factura final podría variar dependiendo del tráfico y de otras vicisitudes. Es decir Cabify me traía y me llevaba hacia el evento, sí, pero a cambio de casi 30 euros.

Ahora bien, imaginad que vosotros, tal y como aseguran los directivos de la empresa que es posible hacer, sustituyérais todos los días vuestro vehículo particular por un Cabify (o un Uber, me da igual) para dejar en vuestra casa el coche propio y así no congestionar la ciudad. Con un trayecto como este, que debe parecerse bastante al trayecto medio que hacen muchos habitantes de Madrid de casa a su trabajo, los costes solo en transporte se disparan a 150 euros semanales, 600 mensuales. ¿Es este un precio razonable para un servicio que aspira a sustituir al coche particular?

Seguramente en Cabify tengan sus motivos para proponerse como sustitutos del vehículo particular, pero estaría bien que sus palabras se vieran acompañadas de hechos. Los costes actuales no permiten sustituir el precio y comodidad de un vehículo propio, y desde luego si hay alguien competitivo para algunos trayectos puede ser el metro o el cercanías (en Madrid la competitividad del suburbano es clara en muchos trayectos respecto a las cuatro ruedas).

Conclusión: las empresas tecnológicas deben demostrarlo

Conozco personas que por principios rechazan coger un taxi. Como también las conozco que nunca entran a comprar en un DIA o que no se beben una Cruzcampo. El consumidor es soberano y la entrada de vehículos sustitivos del taxi ha sido a todas luces exitosa ya que una bolsa de consumidores importante no estaba satisfecha con el servicio prestado por algunos taxistas.

Pero hasta ahí. El resto de mensajes sobre movilidad sostenible, smart cities y sustitución del vehículo particular me parecen bastante desacertados. Por lo menos con lo visto hasta ahora, Cabify se encuentra a años luz de poder hacer nada para mejorar la movilidad en la ciudad que no sea un servicio como el que hacía el taxi, pero con otro tipo de vehículos (la mayoría, por cierto, diésel y de gran cilindrada por lo que no es que contaminen menos precisamente) y a un precio muy similar. Que en ocasiones será mejor porque el ciudadano lo prefiere, pero que no se ha hecho para sustituir al coche particular por mucho que lo repitan insistentemente.

Normalmente una empresa realiza una innovación tecnológica y luego la comunica. En Cabify lo han hecho al revés, han comunicado que quieren mejorar la movilidad pero la innovación tecnológica para hacerlo está todavía por llegar. En la compañía aseguraban hace unos años que tenían departamento de I+D. Espero como agua de mayo las nuevas soluciones de este departamento con una idea creativa y terriblemente disruptiva. Ojalá, por el futuro de la movilidad en la ciudad, por la ecología y para impulsar el buen nombre de las tecnológicas españolas, Cabify lo haga y me calle la boca.

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Un comentario en “Lo que Cabify dice que quiere hacer vs. lo que hace realmente

  1. La innovación tecnológica más importante de estas empresas es que tienen implementado un sistema de reputación que permite evaluar y anticipar de forma sencilla la calidad del servicio. Es mucho menos probable tener una mala experiencia con un conductor de estas empresas que con uno de taxi. Y aunque el coste, como es lógico, no pueda compararse al de conducir uno mismo ni al de un vehículo autónomo (pero a cambio se crea un empleo), sí abaratan el servicio respecto a un taxi, haciéndolo accesible a un público más amplio, como los jóvenes de clase media. Dicho esto, esas innovaciones son originalmente de Uber, Cabify sólo las ha copiado.

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