Polizones camino a Italia: un grupo de refugiados irrumpe en el puerto griego de Patras mientras la policía observa

refugiadosPuerto de Patras, Grecia, 2 de febrero de 2018. 11 y media de la noche. Un grupo de varias decenas de personas salta la valla de aproximadamente 3 metros que separa la avenida Akti Dimeon de la terminal de ferries del puerto. Son en su mayoría sirios, según indica uno de ellos, a mí pregunta, jóvenes de entre 20 y 30 años que no cuentan con mochila o maleta alguna, como tampoco con billete. La mayoría de ellos van pertrechados tan solo de un teléfono móvil que teclean ensimismados y de un paquete de tabaco que fuman con avidez. Muchos de ellos aguardan sentados en el suelo, apoyando su espalda en el lado exterior del muro de ladrillo de un metro que sirve de soporte a una valla metálica de otros dos metros y separa el puerto de la terminal. Otros muchos de ellos, quizá varias decenas, debaten entre sí desde la misma posición pero dentro del puerto. Ellos han saltado la valla de alambre y han accedido a otro lado.

De repente, de forma un tanto anárquica y desorganizada este grupo que se encuentra en el interior se lanza a cruzar la terminal, un espacio amplio similar a una pista de aterrizaje a pequeña escala. Son quizá un par de cientos de metros que los hombres, en su mayoría con la cabeza cubierta por la capucha de su sudadera, cruza en grupos con dirección a un barco de pasajeros que se encuentra al final de la terminal.


Es curioso ver como toda esta operativa que supuestamente no está permitida, como es irrumpir mediante una valla en un lugar de especial protección como es un puerto, un lugar que suele ser vigilado por cámaras de seguridad, está siendo tranquilamente supervisada por la policía griega. Un coche con la luz azul intermitente encendida está parado en Akti Dimeon, una larga avenida que une un suburbio periférico con el centro de Patras por la que a esa hora de la noche apenas pasan unos pocos vehículos a toda velocidad. En su interior, dos agentes de polícia griegos observan a los refugiados saltar la valla mientras comentan entre sí la jugada. En el interior de la terminal portuaria, por lo menos otros dos vehículos más de policía, también con las luces azules encendidas, observan los saltos y a los jóvenes dirigirse hacia el ferry. Ninguno de ellos mueve un dedo para evitar que los jóvenes alcancen de forma irregular el barco, para convertirse en polizones con camino a un destino incierto.

Posición exacta del lugar del salto a la valla en Google Maps

No pude comprobar hacia donde se dirigía ese barco. Según la información de la web del puerto de Patras, esa noche estaban fondeados varios navíos en dirección a otros puertos, en su mayoría insulares, de Grecia. Pero no parece este el destino más probable de los jóvenes sirios. El puerto de Patras, situado en la costa occidental de la península del Peloponeso, es también uno de los destinos principales de ferries hacia ciudades italianas, concretamente hacia Bari y Venecia. Dos puertos que, esta vez sí, conectan por tierra con el resto de la Unión Europea con la que Grecia no tiene frontera terrestre.

Estos jóvenes árabes posiblemente utilizan esta vía como una de las salidas del país heleno, lugar al que han podido llegar posiblemente en barca desde las costas de Turquía, algunas de las cuales sólo estan a unas pocas millas náuticas de Grecia,. Los que aguardan antes de saltar la valla comentan entre sí nerviosos antes de lanzarse a una jugada que no por pactada con la policía dejará de disparar su adrenalina. Al otro lado de la avenida, en un descampado, decenas de refugiados observan la escena desde la lejanía. Tal vez su turno para saltar y buscar un viaje gratis hacia Italia no sea esta noche, sino la próxima. Tal vez sólo tienen que esperar unas horas para realizar el salto una vez que el resto de sus compañeros hayan encontrado acomodo en el barco.

En realidad, esta operación no parece tampoco nada extraordinario. Todo indica que las autoridades griegas, desbordadas por la presión migratoria en un país que ya sufre para asistir a sus propios ciudadanos, han decidido hacer la vista gorda y permitir que de esta forma tan curiosa los inmigrantes alcancen tierras italianas para quitárselos de sus calles. Quizá fue sólo algo extraordinario, aunque no lo parecía dada la buena coordinación entre policía y refugiados. En cualquier caso es un episodio que observé con mis ojos y permite ver cómo la crisis de refugiados, aunque ya no se hable de ella, sigue muy presente como uno de los principales problemas de la Unión Europea. Estas personas emprenden una aventura más propia de otras épocas,  de aquellos polizones que embarcaban hacia América en las bodegas de los barcos. Hoy, con un teléfono móvil como principal arma a la vista, estos jóvenes árabes se embarcan igualmente hacia un destino incierto, en una aventura hacia tierras ignotas que les haga olvidar que su tierra propia ha sido destruida al ser utilizada como campo de batalla en el tablero geopolítico mundial.

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